TRAS LA FACHADA DEL ANONIMATO
Muchas veces dicen que a cada quien se le da lo que le corresponde, aunque…
¿En verdad sabemos lo que merece? Incontables son los flagelos que aquejan a
la sociedad, poco los mecanismos para combatirlos y muchos más los motivos
para resignarnos y someternos a lo que se le podría llamar “El destino”.
A mi mente llegan imágenes entrecortadas de aquella historia que cambió mi vida
y mi forma de ver el mundo, aunque solo son recuerdos que se vislumbran bajo la
fachada de una indiferencia tan marcada que se viste de un odio acumulado.
Caminaba por un callejón oscuro en la selva de cemento llamada ciudad; el
humilde y meditabundo niño perteneciente a la clase baja; lo que la sociedad ha
denominado “peligro”; con tan solo 13 años de edad ya lucía agotado y
desilusionado, con sus ojos rojos por el llanto y el estómago vacío tras varios días
sin comer, buscaba con desespero una medicina para su mamá que se
encontraba en muy enferma en una vieja casa a las afueras de la ciudad, solo se
preguntaba si alguien se compadecería al contarle lo que estaba viviendo y le
ayudaría a mejorar su situación, guardaba toda su fé y esperanza en un viejo
escapulario sujeta al cuello cubierto por el sudor y el mugre. Tanta era la
indiferencia de las personas que pasaban por su lado que ni siquiera escuchaban
sus gritos de dolor y angustia; solo recibía desprecios, burlas e insultos, se podía
escuchar palabras como “Mendigo si vergüenza, apártate de mi camino, tengo
cosas mucho más importantes que hacer, no me hagas perder el tiempo”.
A raíz de esta situación, y sin fuerzas para seguir caminando se quedó dormido en
un andén; entonces sintió que alguien lo despertaba; y en efecto, era Juan, un
amigo de infancia. Al verlo Juan en este estado quiso hablar con él y preguntarle
que le sucedía, cuál era la razón de su aflicción, entonces Jaime contó su relato y
con la voz entrecortada le dijo que no se atrevía a llegar a su casa y ver a su
madre agonizante sin poder hacer nada por ella, que no sabía cómo enfrenta un
mundo que le había tocado vivir a la fuerza y mucho menos entendía por qué el
destino se había ensañado con él.
Al oír esas palabras Juan puso la mano sobre el hombro de su viejo amigo y le
dijo: “No te desesperes, todo problema tiene una solución, y por lo que puedo ver
lo único que tú necesitas es dinero para solucionarlo todo; la vida me ha enseñado
que ser bueno no es una alternativa cuando no se nace en cuna de oro, cuando
las obligaciones acosan y nadie te ayuda sinceramente”, he aprendido que ser
honesto no sirve para nada. Por qué no vienes y te enseño la forma en que me
gano la vida, no dependo de nadie y vivo muy tranquilo. Jaime no lo pensó dos
veces, creyó que por fin había llegado la solución a todos sus problemas y se dejó
conducir por su amigo; caminaron varias cuadras hasta llegar a un hueco
apartado, frío y oscuro, donde se encontraban varias personas consumiendo
droga, entonces Juan le dijo: “Ésta es la solución” el mundo de la droga te da
mucho dinero y en muy poco tiempo, hazte merecedor de este privilegio, te
enseñaré a comercializarla y consumirla, esto no es malo como todo el mundo
dice, al contrario, es la mejor alternativa para gente como nosotros a la cual la
sociedad rechaza. Jaime estaba tan desesperado que creyó ciegamente en las
palabras de su amigo, no lo dudó ni un instante; en pocas semanas ya era un
experto en el negocio, compró los medicamentos de su madre y mejoró su
situación económica.
Pasaron varios meses y Jaime ya no era un niño inocente que solamente buscaba
el bienestar de su familia, ahora era todo un criminal insensible e indolente, casi
nunca estaba en su casa y solo se conformaba con mandar dinero para
compensar su ausencia, estaba perdido en el oscuro mundo de las drogas, no
distinguía la realidad de la fantasía, había dejado de ser un niño para convertirse
en un adicto con la sangre fría.
En una de esas barridas que realiza la policía fue encontrado junto con su amigo
Juan expendiendo sustancias alucinógenas, lo llevaron a un calabozo donde no
pudo ver la luz en semanas y después trasladado a la correccional de menores
donde trata de replantear su vida, aunque nada volverá a ser igual, hay cicatrices
imborrables que marcaron su vida.
Muchas veces la vida no es fácil para todos, no siempre encontramos lo que
quisiéramos y muchas son las dificultades que se presentan en el camino, no
siempre el destino es justo con todos, algunos tienen que vivir lo que otros
repudian; la necesidad es tan fuerte que lleva al hombre a terrenos oscuros y
crueles que solamente la fuerza de voluntad y el apoyo de la familia pueden sanar.
Angie Carolina Barrera Monzo.
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